¿Cuánta agua está desperdiciando en el riego? Lo que cuatro explotaciones portuguesas descubrieron cuando comenzaron a medir
No es descuido. Es que durante años no había forma de saberlo. El riego se hacía basándose en la experiencia, en el ojo clínico, en horas de funcionamiento de los goteros o, en el caso más extremo, abriendo agujeros con la azada para ver si el suelo estaba húmedo. ¿Funcionaba? Más o menos, pero eso comienza a ser insuficiente cuando el agua es cada vez más escasa, la energía cada vez más cara y los márgenes cada vez más ajustados.
Fue exactamente esta realidad la que llevó a cuatro explotaciones portuguesas, de diferentes realidades, de kiwi en Braga, de fruta de hueso en Fundão, de arándanos en Marco de Canaveses y de manzana en Óbidos, a replantear la forma en que gestionan el riego. Y los resultados hablan por sí solos.
Tiago, de Bee Prado, describe bien la situación: "Para entender el estado del suelo, andábamos literalmente con la azada abriendo agujeros. No era nada práctico." Era el método disponible pero era lento, agotador, y con un margen de error considerable porque el suelo en la superficie puede estar seco mientras que las raíces, a 30 o 40 cm de profundidad, aún tienen suficiente humedad.
La misma dificultad la vivía Filipe Costa, de Cerejorange. Las decisiones de riego se tomaban basándose en la experiencia acumulada, sin datos que confirmaran lo que realmente estaba sucediendo en el suelo. ¿El riesgo? Regar demasiado o muy poco, sin posibilidad de saberlo hasta ver las consecuencias en la planta y entonces ya es tarde.
En Pomar do Vale, Cátia Dias resume el problema de otra forma: "Antes de la informatización, los datos eran teóricos. No teníamos forma de saber cuánto estábamos efectivamente gastando." Hacía que la gestión fuera un ejercicio de estimación, no de control.
En Bee Prado, el cambio fue aún más evidente. Con el kiwi, un cultivo particularmente sensible al exceso de agua y propenso a enfermedades radiculares, la capacidad de monitorizar la humedad por debajo de los 20 cm se volvió determinante. "Uno de los mayores desafíos era entender el nivel real de humedad del suelo. A veces pensábamos que estaba seco y en realidad estaba mojado, o al contrario", dice Tiago.
Y después está el efecto que muchos productores no anticipan: el ahorro de energía. Menos riego significa menos horas de bomba funcionando y eso se refleja directamente en la factura de electricidad. En una de las explotaciones estudiadas, la reducción estimada en costos de energía llegó a los 2.000€ por año. En un contexto de márgenes cada vez más estrechos, es un número difícil de ignorar.
Eso tiene un efecto que va más allá del ahorro inmediato:
- crea un historial
- Permite comparar campañas
- Permite entender si un año seco requirió más o menos agua que el anterior, y por qué
- Permite tomar mejores decisiones en el futuro basándose en lo que sucedió en el pasado, no solo en lo que se recuerda
Es una frase que resume bien lo que está en juego. No se trata de reemplazar el conocimiento del productor, se trata de complementarlo con información que antes simplemente no existía..