Algunos cultivos, como el cerezo, el melocotonero, el manzano o el arándano, necesitan pasar frío durante el invierno para tener una buena floración en primavera. Cuando las horas frío acumuladas no cubren las necesidades del cultivo, la brotación es irregular, la floración se retrasa y la producción se resiente.
Ese recuento empieza ahora, a principios de noviembre. Seguir esa cifra durante el invierno, y de un año a otro, dice mucho de la plantación y de las variedades que hay en ella.
En otoño, el árbol entra en reposo invernal. Para salir de ese estado con normalidad en primavera no basta con que suban las temperaturas: antes tiene que acumular una determinada cantidad de frío durante el invierno.
Esa cantidad es la que se mide en horas frío, y varía mucho de una variedad a otra. En el cerezo, hay variedades que tienen suficiente con 400 a 500 horas y otras que necesitan más de 1000. Cuando el frío del invierno no cubre esa necesidad, las consecuencias solo se notan meses después, ya en primavera o en la cosecha.
No hay una única forma de contar el frío. Los modelos más utilizados son:
En la práctica, lo más importante es ser coherente, es decir, usar siempre el mismo modelo y compararlo con la necesidad de la variedad medida con ese mismo modelo.
Un invierno con poco frío no deja al árbol sin flor. Lo que ocurre es que sale del reposo de forma desigual. Las señales aparecen en primavera:
Un invierno flojo puede compensarse, en parte, con productos que ayudan a romper el reposo. Pero cuando los inviernos flojos se repiten, el problema deja de ser de una campaña y pasa a ser de la variedad que está plantada.
Las horas frío se leen como un total que va creciendo a lo largo del invierno. El gráfico siguiente es un ejemplo, con valores ficticios, de tres inviernos en la misma plantación.
En Cerejorange, en Fundão, Filipe Costa produce cereza y melocotón. Los sensores instalados en la finca registran, entre otros factores, la humedad y la temperatura del aire, y sirven también para calcular las horas frío de cada invierno. Es información que antes no tenía y que hoy considera “crucial para ayudarnos a tomar decisiones”.
Con varios inviernos registrados, lo que le interesa ya no es solo la cifra de cada año, sino la tendencia. Y esa tendencia ha sido clara: un “descenso paulatino de las horas frío” en los últimos años. “Si no lo medimos, vamos completamente a ciegas y no podemos planificar”, explica.
El cerezo es exigente en frío, y algunas variedades tienen necesidades medias o altas para lo que se ha acumulado en Fundão. Por eso Filipe utiliza estos datos sobre todo a medio plazo, cuando tiene que decidir el futuro de una parcela. Los datos le ayudan a decidir tres cosas:
Filipe no ve en esto el fin de la cereza en Fundão. Recuerda que el tema es “transversal a todas las zonas de producción de cereza” y que los obtentores de variedades están cada vez más atentos a las necesidades de frío. Pero para elegir bien entre las nuevas variedades, hay que saber cuánto frío tiene la propia finca.
En la App Clima de Wisecrop, las horas frío y los grados-día pueden calcularse a partir de los datos de la estación meteorológica de la finca. Los valores pueden compararse entre campañas para ver si el frío acumulado está aumentando, disminuyendo o variando de un año a otro.
Los gráficos de horas frío se cruzan con las observaciones de estados fenológicos registradas en campo. Así, además de saber cuánto frío ha entrado, se ve cómo ha respondido cada parcela. Es esta relación la que da sentido a las cifras. Al cabo de algunas campañas, se sabe con qué valores de frío responde cada variedad en esa finca, y resulta más fácil anticipar la floración, decidir si merece la pena intervenir para ayudar a romper el reposo y preparar la campaña con tiempo.